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Integración productiva en la agenda regional

Pablo Dragún. Economista del Centro de Estudios de la UIA. Especialista en temas sectoriales de la industria @pablodragun Marianela Sarabia. Economista del Centro de Estudios de la UIA. Docente FCE-UBA. Especialista en economía laboral e internacional.

15/07/2013

Abordar el rol de la inserción internacional latinoamericana y, en particular, la argentina constituye una cuestión clave para toda discusión sobre política y estrategia de desarrollo integral. Uno de los puntos más relevantes -que suele omitirse en el debate internacional- debe ser la carrera por el valor agregado en un contexto global que presiona sobre la primarización1 de la estructura productiva local soslayando las consecuencias del fenómeno en términos de crecimiento sostenido, creación de empleos y distribución del ingreso. Entonces… ¿quién ganará esa carrera?

América Latina enfrenta hoy la necesidad de diversificar su estructura productiva, no sólo para superar la restricción externa, sino para garantizar la integración terrotorial como social y productiva. Si bien no hay recetas unívocas, la integración productiva2 regional aparece como una opción factible con miras a agregar valor: sustituir importaciones de productos manufactureros claves y realizar un upgrading de las exportaciones de recursos naturales, agregando valor en origen y forjando procesos de complementación productiva.

A su vez, puede fortalecer, cuando no generar, la red local de proveedores bregando por la participación de PyMEs en simultáneo con una ampliación de la escala del mercado. En este contexto, las sinergias establecidas entre Argentina y Brasil en materia de crecimiento a lo largo de los 2000 encontraron un 2012 con altibajos, conllevando a redoblar el desafío de la integración regional y la estrategia vinculante de inserción conjunta en el plano global.


La potencialidad conjunta


Argentina y Brasil han comenzado a construir un camino con potencial para ampliar y fortalecer sus capacidades productivas. Es más, cuando se habla de recursos naturales, no quedan dudas. Ambos países representan el 50% de la producción mundial de soja, que es utilizada como insumo para la producción de alimentos en todo el mundo con fuerte demanda de China e India. A esto se adiciona más del 10% de la producción global de maíz y de aceite de girasol así como un quinto de la carne bovina y aviar, con una importancia aún mayor en lo que respecta al comercio internacional3. Sin embargo, un estudio reciente4 evidencia que el cultivo de cereales, oleaginosas y forrajeras es una actividad con altos encadenamientos hacia delante pese a que sus encadenamientos hacia atrás son aún débiles.

La abundancia de recursos naturales en la región se hace presente en las tierras fértiles, el agua dulce, en petróleo y gas, en minerales como cobre, litio y potasio, etc. Este último es uno de los principales macronutrientes del mundo vegetal, cuya reposición es imprescindible en todos los suelos agrícolas y suele realizarse por medio de fertilizantes basados en un 95% en cloruro de potasio.

Canalizar inversiones productivas en este sector permitiría no sólo unamayor integración regional vía el fortalecimiento de encadenamientos aguas arriba en el agro, sino también la construcción de puertos, plantas eléctricas y la gestión del transporte de cargas para su conexión logística. En términos generales, además de los eslabonamientos a lo largo de la cadena y actividades conexas, estas inversiones podrían contribuir a mejorar la infraestructura y el transporte conllevando a una eventual reducción de costos. Proyectos de esta magnitud, sin dudas, evidencian la necesidad de realizar obras conjuntas de infraestructura; cuestión destacada, incluso, en el núcleo del Business 205 ya que se hace hincapié en los proyectos de infraestructura trasciendan las fronteras nacionales para aumentar su efecto dinamizador. Dado que gran parte de los recursos naturales de la región se tornan cada vez más escasos y son valiosos para el mundo entero, las obras plurinacionales cobran mayor relevancia además de ser vitales para mejorar la competitividad sistémica de las economías.

Cabe destacar también la calidad de los productos y el know how de ambos países para producir alimentos con valor agregado en origen. En esta línea, el desarrollo de una estrategia de marketing de las producciones regionales como política de estado es importante para posicionar los bienes locales, aspirando a convertir a Latinoamérica en el supermercado del mundo en lugar de limitarse a ser el granero global; es decir, participar del mercado de productos manufactureros finales en vez de “vender” sólo productos primarios e insumos básicos. Sin embargo, aún no se ha considerado ampliamente un nicho en materia de packaging. Este segmento es elemental para la exportación de alimentos con valor y marca- ya que además de ser un pilar en la conservación de los productos y su fraccionamiento, concentra buena parte del valor agregado y de la innovación incorporada en el proceso productivo.

Partiendo de este ejemplo, que no es el único, abogar por una inserción internacional que viabilice el desarrollo productivo no es una cuestión trivial. Dar lugar a la elaboración de bienes con mayor valor agregado y producto de permanentes innovaciones permite mejorar y propagar es competitividad sistémica.  Para ello, el rol de la inversión y la articulación público / privada así como las acciones que la orienten al desarrollo de sectores estratégicos resultan claves. No se trata sólo de ampliar la capacidad productiva, sino de incorporar ciencia y tecnología mientras se promueve la articulación estratégica con los socios regionales.

El balance necesario

Tampoco se puede hacer caso omiso a los acuerdos concretos de integración entre Argentina y Brasil que reflejan una potencialidad real, que aguarda ser explotada. El caso paradigmático es el sector automotriz, tema central en las negociaciones binacionales de los últimos 20 años orientadas a integrarse productivamente. Los acuerdos bilaterales resultantes dieron comienzo a la Política Automotriz Común (PAC)6, que mediante la especialización en modelos y tamaños específicos, aspira a la liberalización comercial plena. Si bien el complejo automotriz es el principal complejo exportador argentino de carácter industrial, con un 12,6% del total de las exportaciones -sólo precedido por el complejo sojero con 22,3%- y 340.165 unidades enviadas a Brasil en 2012 (82% del total de unidades exportadas), todavía queda un largo camino en términos de integración local y regional en materia de autopartes. He aquí un problema estructural en torno a la necesidad de desarrollar proveedores locales de forma de reducir los requerimientos de divisas y potenciar el empleo sectorial.

A nivel regional, la integración productiva ha ido ganando espacio en la agenda pública a través de instituciones como la UNASUR, el MERCOSUR y la CELAC y sus Estados miembros. Profundizar la integración entre Argentina y Brasil es una oportunidad para propugnar un crecimiento sostenible y reactivar el círculo virtuoso: la inversión aparece como el nexo de la integración productiva y comercial mientras la vinculación con redes de proveedores locales podría retroalimentar ese crecimiento. Fomentar la inversión con los mecanismos de coordinación adecuadospara aprovechar las potencialidades del mercado ampliado está la base de una integración regional productiva para afrontar el siglo XXI. Enfrentar este desafío implica aunar esfuerzos del sector público y privado de ambos sin dejarse seducir por promesas de mercados ya consolidados frente a la parálisis de las negociaciones multilaterales. Una alternativa estratégica es profundizar el comercio intrarregional teniendo en cuenta las asimetrías estructurales y los senderos de desarrollo en un marco de fuerte regionalización del comercio global.

A nivel internacional, la complejidad económica y geopolítica está empujando a dinamizar esas relaciones comerciales a través de negociaciones intrabloques. Mientras en Asia y alrededores se presenta una suerte de cuello de botella en términos de reglas de origen y clasificaciones arancelarias entre la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, China, Japón, República de Corea, Australia, India y Nueva Zelanda (ASEAN+6); tras casi un lustro de dificultades, la Unión Europea se muestra ávida por garantizar acceso a mercados más pujantes.7 Por un lado, con un intercambio fundamentalmente intraindustrial en químicos y maquinaria y equipo de transporte, se iniciaron negociaciones para liberar el comercio de bienes, servicios e inversiones, barreras no arancelarias y compras gubernamentales entre la UE y Japón. Por otro, la UE y Estados Unidos parecen definir un acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión, orientado a eliminar las barreras no arancelarias como regulación y estándares específicos. Con este país, además de un intercambio similar al de UE-Japón, se adicionan productos agrícolas y combustibles.

A modo de conclusión, y pese las dificultades que conlleva la integración regional en distintos lugares del mundo, todos los países desarrollados están trabajando en ello, sugiriendo que el siglo XXI es el “siglo de las regiones”. En este futuro complejo e incierto, el patrón del regionalismo se consolida a nivel mundial en tanto estrategia geopolítica y económico-productiva que permite balancear las relaciones de poder a nivel global.  Latinoamérica debe discernir si su rol va a quedar supeditado al deseo de los bloques de mayor tradición industrial o si está dispuesta a fortalecer sus lazos internos y avanzar gradualmente hacia la integración en pos del desarrollo de las generaciones futuras. En tanto principales economías sudamericanas y su activa participación en la escena global, Argentina y Brasil son llamadas a abrir el juego: tienen la responsabilidad de gestionar y llevar adelante este proyecto con optimismo radica en compartir cargas, responsabilidades y beneficios en un clima de cooperación y consenso. La  planificación estratégica minuciosa nutrida de una firme y permanente voluntad  son condimentos indispensables.

 

1 Para mayor detalle, ver CEU-UIA (2013), La inserción internacional argentina y el riesgo de la primarización.
2 Un proceso de integración productiva hace referencia a la inserción de los aparatos productivos nacionales en redes o cadenas globales de valor. El mismo se puede llevar a cabo a través de estrategias de integración de tipo vertical, donde se prioriza una integración interindustrial mediante el fortalecimiento de la relación proveedor-cliente para llevar a cabo productos específicos u horizontal, donde tienen lugar sinergias de complementación productiva, logrando una integración intraindustrial donde la diferenciación vía tamaño o potencia de la producción local se puede constituir como un eje para abastecer mercados regionales distintos aprovechando rendimientos de escala.
3 Por otro lado, Argentina y Brasil representan un 76% de las exportaciones mundiales de soja, 45% en maíz, más del 18% en aceite de girasol.
4 Coatz, García Díaz y Woyecheszen (2011). El rompecabezas productivo argentino. Una mirada actualizada para el diseño de políticas. Boletín Informativo Techint 334 Enero-Abril 2011
5 Foro empresario en el marco del G20.
6 La entrada en vigor del nuevo acuerdo sectorial se había estipulado en julio de 2013, la cual fue postergada un año.
7 BID (2013), Escenarios de negociación en las principales economías en Carta Mensual INTAL Nº 201, http://www.iadb.org/intal/cartamensual/cartas/portada.aspx?lang=es. Recientemente las 4 economías más grandes del mundo (China, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea) están llevando a cabo negociaciones sobre flujos comerciales.
 


 

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